El líder del templo luciferino de Colombia cobra 52.000 dólares por cada pacto satánico

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Imagen de un reportaje de televisión sobre el “sacerdote del diablo”

El medio colombiano Las Dos Orillas ha publicado un reportaje titulado “Semillas de luz, una iglesia en Calarcá donde el diablo reemplaza a Cristo”, explicando cómo Víctor Damian Rozo pasó de ser policía a sacerdote diabólico con una escolta de 12 mujeres y un ingreso de 2 millones de dólares que recibe por pactos que hace con el diablo. Reproducimos a continuación el artículo, firmado por Iván Gallo.

El guardia de seguridad Guillermo Moreno sacó de su cuenta de ahorros dos millones de pesos y no dudó en entregárselos a Víctor Damian Rozo, el hijo del diablo, el único hombre en la tierra que es capaz de convertir, en un mes, a un jornalero en el dueño de una finca, a un mendigo en el dueño de una empresa. Rozo, que tiene tarifas de 52.000 dólares para sellar pactos con su padre, que se mueve en una limusina blindada custodiado por doce mujeres armadas hasta los dientes, que tiene entre sus clientes a los capos más encumbrados del cartel de Sinaloa, le había cobrado una milésima parte de sus honorarios a Moreno simplemente porque había visto en sus ojos algo que pocos tienen: la convicción ciega de que todo puede ser posible.

Pactos con el diablo

La cita era en Cartagena, a la vuelta del restaurante Blas el Teso en La Boquilla. En la playa, Damian dibujó en la arena una estrella gigante de cinco puntas. Los últimos 25 días de Moreno habían sido un suplicio. Antes de sellar el pacto con Lucifer tuvo que hacer un ayuno en donde evitó el trago, el sexo y la grasa. El sacrificio bien valdría la pena; después de abrirle su alma al diablo sería el dueño del mundo.

El sol caía y la brisa movía furiosa las túnicas negras con las que ambos iban vestidos. En una pira ardía el fuego invencible de los dioses caídos. Con los ojos cerrados Rozo le ordenó a Moreno que escupiera sobre Cristo, los sacramentos y los mandamientos. Tomó la daga traída de la India que lo ha acompañado en 2345 ritos y degolló una gallina, vertió sobre su iniciado la sangre, se volteó y en una oración sorda miró como el mar se tragaba el sol.

Víctor Damian Rozo se abrazó al credo luciferino de niño cuando, cansado de que el Dios de la gente ordinaria le incumpliera sus súplicas, decidió invocar al “ángel más bello, al ángel de luz” como él mismo lo llama. Hijo de un reconocido espiritista de Armenia y de una pitonisa, Rozo creció entre tablas Ouijas e invocaciones a almas en pena. Sus papás le pegaban cuando, en los almuerzos familiares, renegaba del Dios castigador al que lo habían condenado sin preguntarle. Él había conocido una fuerza incontenible, una energía que no fustigaba sino que liberaba.

En el 2001, paralelo a su trabajo como policía, empezó a invocar espíritus que atrapaba en su tabla Ouija. Nadie como él predecía el futuro, nadie como él era más acertado. Sin embargo había algo que inquietaba a sus clientes y eran las alusiones constantes a Lucifer. Sus vecinos empezaron a odiarlo, sus hermanos se avergonzaban de él. Rozo se retiró de la policía, se fue de su casa paterna a Cuba a aprender los secretos de la santería y el vudú y, con 25 años, empezó su trasegar solitario por la senda de Satanás.

El resurgimiento del líder

Se retiró durante cinco años y nadie supo de él hasta que apareció en un programa de Telemundo, paseándose orondo en un carruaje por las calles de la ciudad amurallada, rodeado de sus 12 guardianas, cobrando tarifas de 52.000 dólares (“Tan sólo el cinco por ciento de lo que mi padre les hará ganar en un año”), diciendo que tiene un apartamento en Dubai, cinco en Armenia, dos en Miami, doce autos de lujo, que se gana dos millones de dólares al año y que acaba de comprar un Gulfstream que lo lleva a visitar a sus más de cinco mil “ahijados”, cómo el llama a todo aquel que haya iniciado, que tiene desperdigados en México, Guatemala, Honduras y Estados Unidos.

Gracias a los aportes de sus ahijados, y a los favores de su padre, Víctor Damian pudo reunir el dinero suficiente para construir, en la vereda El Aguacatal del municipio de Calarcá, a escasos 15 minutos de Armenia, el templo Semillas de luz, una edificación de 260 metros cuadrados en donde más de 300 luciferinos, venidos de los cinco continentes, se reunirán dos veces por año para adorar a su Dios. Aunque el templo se abrió el 27 de diciembre pasado, sólo hasta el 6 de junio del 2016 se llevará a cabo la primera ceremonia.

En el centro del recinto se extiende una estrella de cinco puntas. Frente a los fieles se erige, imponente, un belcebú de tres metros. En las paredes salen misteriosas manos de bronce que cargan antorchas eléctricas. La ostentación Kitsch de la que hace gala el templo no ha hecho otra cosa que exacerbar los rumores y la curiosidad popular.

Del 29 de diciembre al 3 de enero, un grupo de oración de Calarcá, compuesto por 37 mujeres, hizo un plantón frente a la edificación tratando de exorcizar el mal que, según ellas, desde allí se irradia. Para evitar la entrada de fisgones, Rozo le pondrá, en la piel de sus feligreses, un código de barras que será detectado por una máquina instalada en la entrada. La policía pasa constantemente por el templo para comprobar que no haya orgías ni sacrificios humanos. Rozo los deja entrar sin problema, nada teme. “Lucifer es mi pastor, nada me faltará”, piensa en voz alta.

Nadie sabe cuánto costó el templo, lo único cierto es que tiene permiso de funcionamiento hasta el 2046, “para esa fecha ya tendremos 20 de estos templos en todo el mundo”. El seseo constante, el léxico limitado y la escasez de ideas, no impidieron que Damian Rozo haya creado una legión de fanáticos en redes sociales. En su cuenta de Facebook tiene más de 3000 seguidores y hay videos en youtube en donde 200 personas dan fe de los favores recibidos.

Enemigos tampoco le faltan. Hay quienes lo acusan de haberse creado una fortuna gracias a los lavados de activos, otros que es un farsante que no tiene en donde caerse muerto. Él ya no le para bolas a los rumores. Dice que si algo ha aprendido de su padre Lucifer es a controlar la envidia que despierta el éxito. No cree que haya vida después de la muerte y es por eso que su único mandamiento es gozar ahora en la tierra. Por eso promete fortunas, lujuria, sexo, mucho sexo en vida. Su clientela aumenta con los días “La iglesia Semillas de Luz no está abierta para pordioseros sino para la gente más poderosa de este país” dice con la convicción, a prueba de balas, de que el nuevo orden cambiará y pronto la Iglesia católica, “la Puta de Babilonia”, se hincará ante el poder inconmensurable de su padre Lucifer.

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Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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