La magia coránica de Al-Bünï

Tanto el cristianismo como el judaísmo han conocido una forma de religiosidad popular que incluye el uso mágico de los textos revelados así como de otros conceptos sagrados, como plegarias, reliquias o símbolos religiosos.

Por ejemplo, algunos judíos llevan consigo fragmentos de los Salmos y otros textos de las Escrituras en calidad de amuletos (filacterias), y el uso en magia de la estrella de seis puntas o Magen David es bien conocido; por su parte, los cristianos utilizan el nombre de Jesús en rituales de exorcismo y en conjuros, así como la cruz, símbolo fundamental, que sirve asimismo de protección y amuleto contra las fuerzas malignas, y existe también un número importante de plegarias a santos y vírgenes con las que se pretende resolver necesidades terrenales de todo tipo.

El mundo islámico también conoce este tipo de magia religiosa, donde sus fundamentos teóricos y prácticos residen básicamente en una exégesis esotérica del texto coránico, propia de la escuela de pensamiento sufí o corriente mística, y de la que uno de los mejores exponentes es el famoso tratado del ocultista norteafricano Al-Būnī (s. XIII), Shams al-Ma‘ārif wa-Latā’f al-‘awārif, auténtica enciclopedia del esoterismo islámico, de la que se han conservado numerosos manuscritos de diferentes épocas, y que en los últimos cien años ha sido editada decenas veces en Beirut, Cairo, Túnez, etc. Es por ello un libro muy popular y fácil de adquirir en cualquier país del ámbito islámico, y su éxito editorial durante todo el siglo XX es la prueba definitiva de su vigencia y autoridad en materia de magia casi ocho siglos después.

En el Shams al-Ma‘ārif, al-Būnī deja bien esquematizadas todas las prácticas mágicas y esotéricas conocidas en su época y concernientes a astrología, talismanes, cuadrados mágicos, invocaciones, ciencia oculta de las letras, magia blanca, etc.

Como decimos, este tipo de magia es fundamentalmente religiosa, y entre los cuarenta capítulos que componen el Shams al-Ma‘ārif se nos describen algunos rituales basados en el poder y procedencia divina del texto coránico. Hay una serie de suras y de aleyas o versículos que se utilizan frecuentemente con fines mágicos: las dos últimas suras del Corán (CXIII y CXIV) son comúnmente llamadas “protectoras”; la aleya del Trono (II:255), la Sura del Culto (CXII), la Fātiha (I), etc.

En el presente artículo, trataremos de mencionar brevemente algunos ejemplos contenidos en la obra de al-Būnī, en los que se describe cómo realizar rituales mágicos con fragmentos del Corán. En principio, podemos dividir el uso mágico del texto sagrado en dos modalidades: recitación y escritura, y en ambas siempre hay una cierta relación entre el argumento de la aleya o versículo coránico y la finalidad que se persigue al utilizarlo mágicamente.

La continua recitación de una parte concreta del Corán o un nombre divino es un recurso a menudo prescrito para sanar enfermedades, protegerse del mal o evitar la pobreza: « Quien recita diecinueve veces “En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso”* al ir a presentarse ante un tirano, Dios, ¡ensalzado sea!, le pone a salvo de su maldad […]; si se recita para cualquier dolencia cien veces durante tres días, Dios, ¡ensalzado sea!, hace cesar esa dolencia […]; y quien recita “El favor está en la mano de Dios, Él lo da a quien quiere. Dios es el Dueño del Gran Favor”** doce veces tras la oración del viernes, Dios, ¡alabado y ensalzado sea!, le proveerá de donde no lo espere, y no verá en ese viernes pobreza… »

Las aleyas también se escriben y se llevan consigo a modo de amuleto, o se colocan en alguna parte de la casa o de las posesiones para protegerlas: « Si se escribe la basmala en el primer día del mes muharram ciento trece veces en una hoja y lo lleva una persona consigo, gracias a ello no sufrirá ninguna desgracia ni inconveniente, ni él ni la gente de su casa, durante su vida […]. Y si se escribe la basmala en una hoja treinta y cinco veces y se cuelga en la casa, no entrará demonio ni genio alguno, y aumentará la bendición en su casa y sus bienes; y si se cuelga esa hoja o su semejante en una tienda, aumenta su clientela, se incrementan sus ganancias y se venden fácilmente sus productos y mercancías… »

La modalidad escrita también incluye talismanes y cuadrados mágicos, en los que las palabras y las letras de la aleya aparecen separadas y armonizadas.  También suele escribirse una sura o aleya con una sustancia que se disolverá en agua*** , obteniéndose de esta manera un filtro mágico, cuya virtud suele ser curativa, aunque puede tener otras aplicaciones. « Quien escribe la Fātiha del Libro en un recipiente de oro, en la primera hora del viernes, con almizcle, azafrán y alcanfor, lo borra con agua de rosas y lo pone en un frasco, y después, cuando quiera ir a visitar a un rey o un gobernante, se unta con ello su rostro, obtendrá la aceptación y el afecto de aquél a quien vaya a ver […] Y si se escribe con almizcle y azafrán en un recipiente de cristal, se lava con agua de rosas y bebe de ello quien tenga una enfermedad, se curará… »

Al igual que las suras y las aleyas coránicas, existe la magia basada en los llamados “noventa y nueve nombres más bellos de Dios”. Gran parte de ellos son los nombres con los que Dios se refiere a sí mismo en el Corán, más otros que posteriormente fueron añadidos (o deducidos) hasta llegar a los noventa y nueve, tal como aparecen enumerados en el hadiz o dicho del Profeta; su uso es igualmente mediante continua recitación o en cuadrado mágico u otro tipo de talismán. Suele buscarse el nombre más apropiado para el objetivo a conseguir. Por ejemplo, al-Razzāq (“el Que da el sustento”), se utiliza para enriquecerse o para los momentos de pobreza; al-Qahhār (“el Dominador”) para someter a los enemigos; al-Hafīz (“el Guardián”) para protegerse del mal, etc.

« Al-Mutakabbir (“El Grandioso”) es un Nombre de esencia sublime, y quien lo escribe en las murallas de una ciudad o en torno a una casa u otro edificio, escribiéndolo en noventa y cuatro lugares en torno a ello, mientras el predicador está en el alminar en el momento del sermón del viernes, Dios, ¡ensalzado sea!, protege esa ciudad o edificio de cualquier evento o amenaza que ocurra durante la noche […]. Y mencionó uno de los maestros de las percepciones místicas que quien lo recita continuamente, los tiranos se dejan guiar por él y escuchan sus palabras… »

En el Šams al-Ma‘ārif hay más de un centenar de cuadrados mágicos que armonizan las letras de los nombres de Dios así como sus valores numéricos.

Finalmente, debemos subrayar que la mayor parte de estas prácticas no son en absoluto aceptadas por la ortodoxia islámica, y son muchos los detractores: entre ellos, el célebre Ibn Taymiyya (s. XVI) creía que la deformación y la alteración del orden de las letras y palabras del Corán, tal como aparecen en los  talismanes, es algo que en realidad complace al Diablo. Por su parte, Ibn Jaldūn (s. XIV) veía en dichas prácticas una adaptación de rituales paganos, en los que se sustituían los nombres de antiguas deidades por el nombre de Dios y los textos sagrados.

No obstante, el Shams al-Ma‘ārif ha sido repetidamente censurado en varios países musulmanes, lo cual posiblemente no haga sino aumentar su popularidad y avivar el interés de muchas personas por escudriñar sus secretos.

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*Bismi-Llāh al-Rahmān al- Rahīm, “En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso”, frase que encabeza todas las suras o capítulos del Corán, y que el musulmán recita en diversos momentos de su vida cotidiana.

** Cor. LVII:29.

*** Suele utilizarse agua de rosas o agua de lluvia, y en ocasiones agua del pozo de Zamzam, situado en el recinto sagrado de La Meca.

Para saber más:

E. Doutté, Magie et Religion dans  l’Afrique du Nord, Alger: Adolphe Jourdan, 1909.

A. Labarta, Libro de dichos maravillosos, Madrid: CSIC, 1993.

P. Lory, ‘Magie et religión dans l’oeuvre de Muhyi al-Dîn al-Bûnî’, Horizons Maghrébins, Toulouse, nº 718 (été-automne 1986), pp. 4-15.

E. Savage-Smith, Magic and Divination in Early Islam, London: Ashgate, 2004.

Autor del artículo: Jaime Coullaut, profesor de estudios árabes e islámicos de la Universidad de Salamanca

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Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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