El Infierno existe

puerta_del_infierno

El Infierno existe. Todos aquellos que mueren en pecado mortal personal, como enemigos de Dios y no merecedores de la vida eterna, serán severamente castigados por Dios después de la muerte. La existencia del infierno es negada por todos aquellos que niegan la existencia de Dios o la inmortalidad del alma. Así los Judíos, los saduceos, los gnósticos, los seleucianos y en nuestros tiempos los materialistas, panteístas, etc. niegan la existencia del infierno.

La existencia del infierno está probada primeramente en la Biblia. Cada vez que Cristo y los Apóstoles hablan del infierno, ellos suponen el conocimiento de su existencia (Mat., v, 29; viii, 12; x, 28; xiii, 42; xxv, 41, 46; II Tess., i, 8; Apoc., xxi, 8, etc.).  En la obra de Atzberger “Die christliche Eschatologie in den Stadien ihrer Offenbarung im Alten und Neuen Testament”, Freiburg, 1890, se aprecia un desarrollo de argumentos de las Escrituras muy completo,  especialmente con relación al Antiguo Testamento. También los Padres, desde tiempos remotos han sido unánimes en sus enseñanzas que los malvados serán castigados luego de la muerte. Y como prueba de su doctrina apelaron tanto a las Escrituras como a la razón. (cf. Ignatius, “Ad Eph.”, v, 16; “Martyrium s. Polycarpi”, ii, n, 3; xi, n.2; Justin, “Apol.”, II, n. 8 in P.G., VI, 458; Athenagoras, “De resurr. mort.”, c. xix, in P.G., VI, 1011; Irenaeus, “Adv. haer.”, V, xxvii, n. 2 in P.G. VII, 1196; Tertuliano, “Adv. Marc.”, I, c. xxvi, in P.L., IV, 277). Ver en Atzberger “Gesh. der christl. Eschatologie innerhalb der vornicanischen Zeit” (Freiburg, 1896); Petavius, “De Angelis”, III, iv sqq. Citas de las enseñanzas patrísticas.

La Iglesia profesa su fe en el Credo Atanasio: “Aquellos que han hecho el bien tendrán vida eterna y aquellos que han hecho el mal, fuego eterno” (Denzinger, “Enchiridion”, 10th ed., 1908, n.40). La Iglesia repetidamente ha definido esta verdad. Por ejemplo, en la profesión de fe hecha en el Segundo Concilio de Lyon (Denx, n. 464) y en el Decreto de Unión en el Concilio de Florencia (Denz, N. 693), se cita textualmente: “Las almas de aquellos que se van en pecado mortal o sólo en pecado original, bajan inmediatamente al infierno, para ser castigados, sin embargo, con penas desiguales” (poenis disparibus).  Si abstraemos la eternidad de su castigo, la existencia del infierno puede ser demostrada incluso por la luz de la mera razón. Dios, en su santidad y justicia, como asimismo en su sabiduría, debe vengar la violación del orden moral con tal sabiduría como para preservar, al menos en general, alguna proporción entre la gravedad del pecado y la severidad del castigo. Aunque es evidente por experiencia que Dios no siempre hace esto en la tierra; por lo tanto El castigará después de la muerte. Más aún, si todos los hombres estuvieran totalmente convencidos que el pecador necesita temor y no un tipo de castigo después de la muerte, el orden moral y social puede quedar seriamente amenazado. Sin embargo, esto no lo puede permitir la Divina sabiduría. Nuevamente, si no hubiera retribución mas allá de lo que ocurre frente a tus ojos aquí en la tierra, deberíamos considerar a Dios extremadamente indiferente al bien y al mal, y podríamos  no tomar en cuenta su justicia y carácter sagrado. Tampoco se puede decir: los malvados serán castigados pero no por aflicción positiva; porque ya sea que la muerte será el fin de sus existencias, o por la pérdida del rico premio del bueno, disfrutarán en menor grado de la felicidad. Estos son  subterfugios arbitrarios y vanos, sin apoyo en razón alguna; el castigo positivo es la recompensa natural del mal. Además, la debida proporción entre el demérito y el castigo sería imposible a través de una aniquilación indiscriminada de todos los condenados.

Y si los hombres supieran que a sus pecados no les sigue el sufrimiento, la mera amenaza de aniquilación al momento de morir,  y menos aún el prospecto de algún grado menor de beatitud  sería suficiente para disuadirlos de pecar. Más aún, la razón entiende fácilmente que en la próxima vida el justo será feliz como premio de sus virtudes. Pero el castigo del mal es la contraparte natural del premio a la virtud. Por lo tanto, también habrá castigo por el pecado en la próxima vida. Consecuentemente, encontramos entre todas las naciones la creencia que los que hacen el mal serán castigados después de la muerte. Esta convicción universal de la humanidad es una prueba adicional de la existencia del infierno. Porque es imposible que, en relación con las cuestiones fundamentales del ser y del destino, todos los hombres caigan en el mismo error. Además, el poder de la razón humana sería esencialmente deficiente, y el orden de este mundo estaría indebidamente envuelto en el misterio; sin embargo, esto resulta repugnante tanto para la naturaleza como a la sabiduría del Creador.  Sobre la creencia de todas las naciones de la existencia del infierno cito Lüken, en “Die Traditionen des Menschengeschlechts” (2nd ed., Münster, 1869); Knabenbauer, “Das Zeugnis des Menschengeschlechts fur die Unsterblichkeit der Seele” (1878).

Anuncios

Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
Esta entrada fue publicada en Demonología y Exorcismos. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s